Ni Candy ni Lady
Mónica Cabrejos Columnista
Ni Candy ni Lady

Mónica Cabrejos y el "Síndrome Luchito"

Mónica Cabrejos escribe sobre la existencia de un gran número de "Luchitos" en el Perú. La criollada forma parte de la naturaleza de este tipo de personas (mitómanos por excelencia)

Lucho era todo un experto en formar más de una familia al mismo tiempo

Lucho era todo un experto en formar más de una familia al mismo tiempo.

08 de Enero de 2017 10:45 am.

El personaje de ficción más popular de la tele nacional en los últimos tiempos fue Luchito Gonzales, creación de la exitosa serie Al fondo hay sitio, encarnado por el actor Bruno Odar llegó a calar tan hondo en los televidentes peruanos que lo convirtieron en el engreído de las familias peruanas. Es que en nuestro país hay muchos Luchitos anónimos que tienen varias familias con hijos en paralelo.

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Los hombres peruanos (no podemos generalizar, pero en mayoría) son pendencieros por una cuestión cultural; la criollada los coloca en esa postura de “macho peruano que se respeta” capaz de amar a más de una a la vez. Se vuelve tramposo e infiel en nombre de la confusión amorosa, dejando sufrimiento y lágrimas a su paso.
 
Según los especialistas este tipo de comportamiento es usual -en sociedades machistas como la nuestra- pues algunos varones refuerzan su idea de virilidad y hombría siendo infieles, sosteniendo relaciones de larga data y estableciendo hogares paralelos. Son artistas de la mentira, manipuladores de sentimientos, mujeriegos y muy inmaduros. Pueden pasar muchos años viviendo vidas paralelas y cuando se descubre la verdad del engaño, son los hijos (de ambas familias) quienes sufren un drama aparte al enterarse de la traición de su padre.
 
Ante los ojos de un hijo, su padre es siempre un ejemplo a imitar, lamentablemente en situaciones como esta los hijos se sienten decepcionados y lastimados al saber que su padre no era lo que ellos pensaban. Mientras los hijos fuera del matrimonio experimentan mayor sufrimiento al saber que son fruto del engaño nefasto de su padre. El resto de la historia es sabida; ambas familias destruidas, los hijos experimentan serios problemas, cambios radicales de conducta y, en algunos casos, se terminan refugiando en las drogas.
 
El síndrome Luchito no es otro que el síndrome de la infidelidad coludido con la mentira y la irresponsabilidad que pone en serio riesgo a los más inocentes de la historia: los hijos.

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