Ni Candy ni Lady
Mónica Cabrejos Columnista
Ni Candy ni Lady

Mónica Cabrejos: verano hot

Mónica Cabrejos nos habla sobre el verano, como dicha estación del año influye en las personas. Además, explica que el sol, el mar y la arena son propicios para ser más felices.

Verano hot

Verano hot.

15 de Enero de 2017 5:00 am.

El verano es mi tiempo favorito del año porque veo como la gente -las plantas florecen y las aves renuevan su plumaje- renace en todos los aspectos de sus vidas. El sol, el mar y la arena son propicios para ser más felices pues el calor nos invita a salir de casa, a ser más divertidos, sociables, amorosos y sexuales.
 
En los meses de calor estamos más dispuestos a experimentar situaciones nuevas, gozamos de buen ánimo y somos más seductores como resultado de esa algarabía veraniega. Obligados por el clima nos atrevemos a mostrar nuestros cuerpos y aceptar nuestras imperfecciones con naturalidad, lo cual nos permite disfrutar mejor de la vida. 
 
 
Otra poderosa y científica razón comprobable para que -usted y yo- nos sintamos más sensuales durante el verano es que el sol activa la producción hormonal de la oxitocina, que se incrementa con los rayos solares y estimula las sensaciones de placer para ponernos más calentones entre enero y marzo. 
 
La exhibición de la piel en diminutas ropas, la humedad del ambiente y los calores nocturnos son más favorables para el amor y el sexo. El simple hecho de andar más ligeros de ropas nos deja ver y tocar más, nos conecta con nuestro erotismo natural y la sensación de bienestar es espontánea. 
 
 
No es casualidad que Chollywood esté alborotado en cuestiones de amor, como por ejemplo la nueva relación amorosa de Roberto Martínez con una modelo 26 años menor, los coqueteos de Jefferson Farfán y Leslie Shaw o las ya confirmadas relaciones amorosas entre Mario Hart y Korina Rivadeneira, Paloma Fiusa y Facundo Gonzales o la de los tortolitos Ernesto Jiménez y Alejandra Baigorria. El verano es la época más propicia para el amor, la pasión y la sexualidad.
 
Aproveche el clima y déjese llevar por Eros. Solo tenga cuidado con los indiscretos sudores y, por supuesto, con los ampays.