Masacre en Independencia: Encuentran mensajes siniestros en casa del asesino Eduardo Romero

Asesino de independencia escribió “psicópata”, “enfermo” e “infierno” en puerta de su cuarto. En habitación que alquilaba, Eduardo Romero tenía 50 municiones, además de imágenes satánicas y libros de filosofía. Su tío lo vio cuando salió luego de recargar sus armas. 

la habitación que alquilaba no solo le servía para retratarse con sus armas, sino que la convirtió en un lugar de culto a la muerte.

20 de Febrero de 2017 8:15 am.

Eduardo Glicerio Romero Naupay, el tatuado vendedor de hamburguesas y salchipapas que desató una de las peores masacres en el país, rentaba un cuarto de 3 metros de largo por 3 metros de ancho en la calle Fitzcarrald 1563, Los Olivos.

Este lugar, al que la prensa logró acceder, evidencia la desquiciada personalidad del asesino de Independencia: su amor por las armas, las motocicletas, el doom metal y, premonitoriamente, la simbología de la muerte. Tanto en Facebook como allí, en su guarida, “dejaba salir su otro yo”, como advertía en las redes sociales.

Una de las imágenes colgadas en la pared, por ejemplo, fueron descritas por él así: “La fuerza del doom, lo obscuro y lo satánico, se muestran aquí en este trival infernal”. También tenía pósters de cruces invertidas, y de los grupos musicales Black Metal y Dark Funeral, cuyas letras de las canciones rinden veneración al anticristo y al satanismo.

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MENSAJES Y LIBROS

“El Gringo”, como le gustaba ser llamado a este huanuqueño de 32 años, escribió tres palabras al lado de su puerta: “piscópata”, “enfermo” e “infierno”.

Igualmente, un estante con decenas de libros de filosofía y química siembran más dudas sobre este asesino que alguna vez fue grumete de la Marina de Guerra y luego agente de seguridad experto en armas. 

50 MUNICIONES

Tras el baño de sangre que desató el viernes en el Royal Plaza de Independencia, donde mató a cuatro personas e hirió a otras nueve, la policía allanó su casa y encontró 50 municiones de fabricación brasileña, con las cuales abastecía sus dos armas de fuego cuyas licencias vencieron el pasado julio.

Con esas armas, a las que llamaba “bebés”, una hora antes en la cuadra 13 de la avenida Antúnez de Mayolo, Los Olivos, había iniciado su barbarie al dispararle al fiscalizador Martín Moreno, quien le decomisó su carrito sanguchero por una multa de S/1.800.

RECARGÓ ARMAS

Su tío Manuel Romero, quien le rentaba la habitación, lo vio salir raudo esa noche. “Ingresó asustado a su cuarto, habrá estado cuatro minutos y salió. Después de una hora me dijeron que había cometido un múltiple asesinato”, relató a el Popular.