No cambió ni un Cacho

06 de Enero de 2014 5:00 am.

Por: Lucho Camino
muchacalle.elpopular@gmail.com
 
Se sentía un anime, un dibujo de Cartoon Network, pero terminó como una mala caricatura de sí mismo. Carlos Cacho Livora apareció a comienzos del año 2000 en un bloque de belleza del programa de Gisela.
 
Disfrutaba llamando “resinator” o “sancochado” a medio Chollywood. El popular “Angurriento” fue ganando amigos y rivales en la farándula chola. 
 
Su carisma y desenfado le fueron abriendo puertas. Tuvo una secuencia en el desaparecido Por las mañanas, de Canal A y, luego, el programa propio en esa misma televisora: Mil disculpas. Siempre con la lengua afilada y el humor negro. Era divertido, engreído, afeminado y aniñado. No era para menos. Tomó biberón hasta los 11 años, según alguna vez confesó. 
 
Su vida nocturna empezó a pasarle factura. En abril del 2001, sufrió un accidente en Cuba. El auto en el que viajaba chocó contra otro vehículo y murió el regidor de San Juan de Lurigancho, Julio Medina Matos. También lo acompañaba el ex alcalde Ricardo Chiroque. Todos estaban en la isla en viaje de placer. La prensa de ese país dijo que Cacho iba al frente del timón. Pero quedó la duda. Volvió mal, sintió el golpe pero continuó con su programa. 
 
Hasta que en el 2002 bebió de su propia medicina. Beto Ortiz le sacó su Vida Secreta. El conductor de El valor de la verdad lo retrató abiertamente gay, vestido de mujer, durante un concurso de ambiente en una discoteca de medio pelo. “Mónica Malpartida” (como lo llamaban en las discotecas) quedó destruida. Luego quiso levantarse pero no pudo. Intentó un par de cosas pero, al poco tiempo, se marchó a Italia. Él dijo que trabajaba en un salón de belleza, pero muchos insinuaron que se dedicaba a otras “labores”. 
 
Así, el 2007 volvió al Perú. Parecía cambiado. Gisela, su jefa de toda la vida, le dio trabajo en Amarige. Estuvo con perfil bajo un buen tiempo. En el 2010 estuvo al frente de Amor, amor, amor. En octubre de ese año, su pasión por la bohemia, lo lleva a atropellar a un hombre en San Isidro. Era de madrugada. No tenía licencia de conducir y su vehículo tampoco contaba con Soat. Él iba aparentemente ebrio. No se sometió al dosaje etílico por capricho.
 
A inicios del 2011, la policía lo detuvo, luego de que se emitiera una orden de captura en su contra como parte del proceso que se le siguió por manejar sin brevete. Fue a parar a San Jorge. ¡¡Estuvo diez meses recluido!! Salió de la cárcel, donde aprendió a hacer pulseritas, volvió a Amarige. Siguió con sus aires de divo. Se puso asistente. Nunca, jamás, pidió perdón por lo que hizo. Nunca ofreció mil disculpas. Hoy, el ex preso 329727 regresa a la tele. Amenaza con sacar del clóset a “Peluchín” tal como lo hizo Beto Ortiz con él. No aprende. Sin duda, no cambió ni un Cacho.